lunes, 27 de abril de 2009

Metáforas

“Dar la vuelta a la tortilla”, “coger el toro por los cuernos”, “bajarse un archivo de internet” … son expresiones habituales que contienen metáforas. Estas metáforas son mucho más que una forma de “dar colorido” (otra metáfora) al lenguaje para que sea más interesante, además muestran una porción del modelo del mundo que tiene el hablante.

Según algunos autores, las metáforas son los procesos que utilizamos para construirnos los significados de nuestras experiencias. Dicho de otra manera: no podemos pensar si no es en metáforas. Codificamos todas nuestras experiencias, lo que vemos, oímos y sentimos, en metáforas y las usamos como guías para nuestro comportamiento.

Las metáforas en la educación

Los educadores no somos diferentes en esto. Cuando hablamos de nuestras relaciones educativas, las metáforas aparecen por doquier:
Esta clase es una jaula de grillos.
Educar es como sembrar en un campo.
Los hijos te los llevas puestos hasta que se van de casa.
Vamos a presentar los conceptos pieza a pieza hasta completar el puzzle.

En su libro “Metáforas de la vida cotidiana”, Lakoff y Johnson afirman:
“Las metáforas pueden crearnos realidades, especialmente realidades sociales. Una metáfora puede, por tanto, ser una guía para acciones futuras. Estas acciones, por supuesto, encajarán con la metáfora. Esto reforzará a su vez la fuerza de la metáfora para hacer la experiencia coherente. En este sentido las metáforas pueden ser profecías de autocumplimiento”.

Supongamos que Óscar entra en la sala de profesores diciendo “Mi clase es una jaula de grillos” después de un día de actividad frenética, ruido y desorden por parte de los alumnos. En vez de describir los sucesos y acciones que han ocurrido, Óscar pronuncia “jaula de grillos”. Y todo el mundo lo entiende.

Si hubiera utilizado, en cambio, la expresión “Mi clase es como un hormiguero”, el foco de atención habría cambiado. La actividad frenética que se describe tiene un matiz de productividad, con los alumnos “trabajando como hormigas”. El hecho de que la metáfora inconsciente de Óscar sea una en vez de otra no depende de los hechos que hayan ocurrido en la clase, sino en la percepción de Óscar sobre estos hechos.

¿Sutil? … quizá, ¿por qué no lo pruebas?

Creencias


Las creencias son los componentes que determinan cómo damos significado a los eventos que suceden a nuestro alrededor. Son todos aquellos juicios o evaluaciones acerca de nosotros mismos, los demás y el mundo a nuestro alrededor que se relacionan con la pregunta “¿Por qué?”.

En términos de PNL, las creencias se consideran generalizaciones sobre
(1) las causa,
(2) los significados y
(3) los límites.

Funcionamos en base a creencias

Todos nosotros funcionamos en base a las creencias que sostenemos, y también lo hacemos en nuestra labor como educadores. Esta es una lista de creencias sobre la educación. Comprueba con cuáles estás más de acuerdo y con cuáles no:

La letra con sangre entra.
Para enseñar algo, lo mejor es ir paso a paso y avanzar poco a poco hasta dominar el tema.
Se educa más con lo que se hace que con lo que se dice.
Si haces las cosas con cariño, seguro que se acaba educando bien.
Es importante establecer las normas y ser estricto en su cumplimiento.
La atención, la concentración y la disciplina son esenciales a la hora de poder enseñar algo.
Se educa mejor en grupo.
Es mejor un educador involucrado con una técnica pobre que un educador más distante con una buena técnica.
A veces el educador tiene que enseñar cosas que el educando no puede entender para qué sirven, aunque más tarde lo entienda.
No cualquiera puede educar, es necesario poseer ciertos conocimientos que te indiquen cuál es la mejor manera de hacerlo.
Para enseñar contenidos, no es necesario dominar la materia, basta con saber más que los alumnos sobre ella.

¿Has encontrado frases con las que estás de acuerdo? ¿y otras que hacen que te rechinen los dientes al leerla? Entonces estás identificando tus propias creencias, en el primer caso, y creencias opuestas a las tuyas, en el segundo. Recuerda, en PNL no hablamos de creencias correctas o incorrectas, sino de creencias eficaces o ineficaces para obtener un resultado deseado en un contexto determinado.

En PNL sabemos que las creencias que un individuo tiene filtran la percepción de la realidad y marcan el comportamiento. Si realmente queremos ser eficaces, necesitamos escoger un conjunto de creencias potenciadoras para educar.

PNL, ¿chamanismo moderno?

La razón por la que yo me he acercado a la PNL es mi interés previo por el chamanismo como camino de desarrollo personal y espiritual.

Para mi personalmente la PNL es como si fuera una versión occidental del chamanismo. Las dos disciplinas abordan el cambio y la resolución de problemas desde la acción y desde la búsqueda de estados plenos de poder y de recursos. Estado de excelencia para uno, ahorro y uso impecable de la energía, impecabilidad, para el otro.
Aunque en principio pueda sorprendernos, se puede decir que una parte o maestría del chamanismo, llamada acecho, que trata de cómo manejarse en el mundo de todos los días, tiene grandes similitudes en sus métodos y en sus planteamientos con la PNL.

La PNL estudia la forma en que estructuramos en nuestra neurología todas nuestras experiencias de vida y el papel tan importante que en este proceso juega el lenguaje.

Algo similar a lo que expresa D. Juan en este texto y fijaos cuantos conceptos de PNL están implícitos: el mapa no es el territorio, metamodelo del lenguaje, cambio de sistema representacional etc.:

Nos hablamos incesantemente a nosotros mis­mos acerca de nuestro mundo. De hecho, mante­nemos nuestro mundo con nuestro diálogo inter­no. Y cuando dejamos de hablarnos sobre nosotros mismos y nuestro mundo, el mundo es siempre como debería ser. Con nuestro diálogo interno lo renovamos, lo encendemos de vida, lo sostenemos. No sólo eso, sino que también escogemos nuestros caminos al hablarnos a nosotros mismos. De ahí que repitamos las mismas elecciones una y otra vez hasta el día en que morimos, porque continuamos repitiendo el mismo diálogo interno una y otra vez hasta el preciso momento de la muerte. Un gue­rrero es consciente de ello y lucha por detener su diálogo interno.

— ¿Cómo puedo dejar de hablar conmigo mismo?

—Antes que nada debes usar tus oídos a fin de quitar a tus ojos parte de la carga. Desde que nacimos hemos es­tado usando los ojos para juzgar el mundo. Hablamos a los demás, y nos hablamos a nosotros mismos, acerca de lo que vemos. Un guerrero se da cuenta de esto y escucha el mundo; escucha los sonidos del mundo.